Historia sin título (aún)

CAPÍTULO 1

   La chica se abalanzó sobre él y empezó a besarlo apasionadamente. El chico no sabía como reaccionar. Él había esperado mucho tiempo ese momento, pero ahora que llegaba no estaba seguro. Él la amaba con locura desde su más tierna infancia, y a pesar de haber estado con otras, él nunca había dejado de quererla. Aun así era un amor prohibido, ambos lo sabían, pero no podían aguantarlo más, y ahí estaban, besándose recostados en la cama de la habitación de él.
-Pa… para un momento…-consiguió decir el chico, respirando agitadamente.
-¿Por qué Neko-chan?-le dijo la joven chica mirándole directamente a los ojos.- ¿Acaso no me amas?
-No… No es eso Yuri…-se apresuró a contestar Neko.-Yo te amo… te amo desde hace mucho, y lo sabes…-se sonrojó.
-Entonces, ¿qué pasa, cielo?-se sentó frente a él y le acarició la mejilla. Su mano estaba tibia, y su cara, ardiendo.
-Yo… bueno… -tartamudeó. No quería estropear ese momento, pero tenía que hacerlo si no quería que ambos se convirtiesen en fugitivos. Quería a Yuri demasiado para arruinar su vida de esa manera. –Yuri, no podemos hacerlo… No podemos… Tú lo sabes… Mi familia lo descubriría tarde o temprano y tendríamos serios problemas… -No podía mirarla a la cara así que apartó la vista hacia un lado.
-Neko… -los ojos de Yuri relucían, plateados bajo los pocos rayos de luna que se filtraban por la ventana de la habitación. Se tumbó a su lado, triste y puso la cabeza en su hombro. Se había quedado muda. El dolor que sentía adentro se había vuelto más intenso en ese momento. Unas lágrimas cristalinas resbalaron por sus mejillas.
-Yuri, no llores, por favor… -dijo Neko apenado. Le dio un beso en la frente y la abrazó dulcemente. No sabía qué decirle para reconfortarla a ella y a sí mismo.
-No… no pasa nada… -susurró Yuri con la cara bañada en lágrimas, pero aún así le sonrió.
Neko se sentía fatal, como si hubiera cometido el crimen más horrible del universo. Él la amaba, pero no podía tenerla, pues pertenecían a dos mundos muy diferentes. Él era un demonio y ella un ángel caído. Las dos familias habían estado en guerra desde tiempos ancestrales, luchando por el inframundo desde hacía siglos. Y si los veían juntos a ambos, los matarían.
Neko pertenecía al seno de una de las familias más importantes del clan de los demonios, de hecho, él sería el heredero de las posesiones de su familia, y de todas sus riquezas. Yuri, sin embargo, era huérfana, y vivía con una familia de humanos que la había adoptado cuando sus padres biológicos murieron asesinados en la guerra, ganada al final por los demonios. Ella no tenía ni idea de nada de lo que estaba sucediendo, ni de que ella era en realidad un ángel caído, ya que cuando todo eso pasó, era tan sólo un bebé. Neko sí que lo sabía, pues lo había visto en sus ojos desde que se conocieron en la guardería, pero no se lo había contado a nadie.
A pesar de que ella aún no había desarrollado ningún poder mágico que pudiera demostrar su verdadero ser, él nunca la llevaba a casa cuando estaban sus padres, ni tampoco les hablaba sobre ella. Tenía miedo de que se acercaran y vieran en sus ojos su verdadera identidad, pues lo ángeles caídos se caracterizaban por sus ojos de un color gris pálido, que brillaban en color plata cuando les daba la luz de la luna y que cambiaban a púrpura cuando utilizaban sus poderes.
Los ojos de Yuri eran así, grandes y grisáceos, pero siempre alegres y cálidos. En ese momento lucían preciosos en la tenue luz que había en la habitación. Pero en vez de alegres, estaban tristes. Neko le había contado que su familia no quería que estuvieran juntos, y que lo trasladarían a otro colegio si los veían así. Yuri no entendía el por qué, y había querido hablar con ellos en muchas ocasiones, pero Neko la había disuadido rápidamente.
Ese fin de semana los padres de Neko estaban fuera  por asuntos de negocios, así que Yuri había ido a su casa a llevarle algo para cenar y se habían quedado leyendo cómics y viendo películas. Era un momento perfecto para que los dos por fin pudieran estar juntos de la manera en la que ellos realmente querían, en vez de estar fingiendo que no sentían nada el uno por el otro. Y eso los había llevado a la situación en que se encontraban en ese momento.
-Será mejor que me vaya…-dijo Yuri al cabo de un rato. Habían estado en silencio, abrazados, más de media hora.
-No quiero que te vayas…-le dijo Neko abrazándola más fuerte.-Quiero que te quedes aquí conmigo…
-¿Para qué?-le dijo Yuri tristemente.-Ni siquiera podemos besarnos sin que el tema de tus padres aparezca…-suspiró- Neko, yo te amo. ¡De verdad que te amo! Y llevo años esperando una oportunidad para estar contigo así… -se sonrojó.
-Yo también, Yuri, ¡te lo juro!-le respondió algo alterado.-Lo siento mucho…
-No, no pasa nada Neko, sabía que pasaría algo así… -se incorporó. A Neko le había dolido ese comentario por parte de Yuri, pero ella se dio cuenta al momento y le besó en los labios cariñosamente.-Me voy a casa.-dijo.
-Te acompaño a casa Yuri, ¿vale?
-Bueno, vale. –le respondió ella alegre.
Los dos iban caminando bajo la luz de la luna. Hacía una noche primaveral, aunque el aire era algo fresco. Los dos estaban muy colorados y no se atrevían a pronunciar palabra.
Al cabo de veinte minutos llegaron al portal de la casa de Yuri. Yuri entonces miró a Neko a los ojos y le abrazó.
-Te quiero…-le susurró al oido, y le besó en la mejilla. Se separó de él y le dedicó una tierna mirada con sus ojos grises. Esos ojos que a Neko tanto le gustaban. Entonces se giró y entró en casa.
Neko iba andando despacio de camino a su casa, pensando en todo lo que había pasado esa noche entre él y Yuri, cuando una anciana vestida con una capa marrón salió de entre las sombras y le arrinconó contra la pared de la calle.
-¿Pero qué…?-empezó a decir Neko, pero la vieja mujer le cerró la boca con la mano.
-Mira, niño, no tengo tiempo para esto, así que seré breve. –dijo de corrido la anciana. Había un atisbo de temore en sus ojos.-Ten cuidado porque van a por ti.-Neko la miró sorprendido por sus palabras.-Sé que eres el gran heredero, así que no pienses que te estoy tomando el pelo porque no es así. -el chico intentó decir algo, pero ella le cerró la boca de nuevo.-No digas nada, reúnete conmigo mañana tras el último rayo del sol del atardecer en el parque que hay al lado del colegio y te lo contaré todo.-la anciana se fue corriendo y desapareció en las sombras de nuevo, dejando al chico ahí, entre sorprendido y asustado.
Neko, tras cinco minutos cavilando decidió irse a su casa, pues era más de media noche y el aire se había puesto de repente más frío.

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