¿Qué haría yo...?

¿Y qué haría yo si te pasase algo? ¿Si te fueses algún día de repente y no volvieses? ¿Si me arrebatasen la calidez de tu abrazo? ¿Qué haría yo…? No puedo pensar ni imaginarme que llegase el día en que no pudiese coger tu mano o besarte en un momento dado, sin planearlo, solo porque sí. No soy capaz de verme sin ti un sábado viendo una película tirados en el sofá. O simplemente haciendo nuestras cosas, mirándote de reojo siempre, porque te miro de reojo a cada rato, aunque creo que lo sabes. ¿Por qué lo hago? Porque siento que tengo que asegurarme de que sigues ahí… Parece una tontería, supongo que porque en el fondo lo es, pero es como cuando por las noches, en la oscuridad, me acerco a ti y te acaricio suavemente, sin despertarte. ¿Por qué lo hago? Por lo mismo, para cerciorarme de que sigues ahí… Y es que, seamos claros, quiero que estés ahí, necesito que estés ahí porque sin ti nada sería lo mismo, y me gustan las cosas como están. Me gusta sonreírte y que me devuelvas la sonrisa, porque lo haces, aunque creo que a veces no te das cuenta. Creo que no te das cuenta de muchas cosas, pero eso es lo que le da el toque mágico a todo esto. A todo esto que tenemos. Tú y yo. Es bonito. A pesar de que el mundo se nos presente como un sitio gris, frío, aburrido, triste. Tú haces que sea menos horrible, por eso no puedo imaginarme que llegue un día en que ya no estés.
Es un pensamiento triste, un pensamiento que me da miedo y que cruza mi mente a veces. Supongo que será por las circunstancias que nos ha tocado vivir. El mundo es cruel. La vida es cruel. ¿Qué sería yo sin esas miradas bañadas de cariño? No quiero tener que renunciar a ellas y presiento que tendré que hacerlo por obligación. No me gusta hacer las cosas por obligación. No me gusta tener que renunciar a algo que me hace feliz por obligación.
Pues sí, quizás te has hecho demasiado importante para mí, lo cual no es malo, al menos para mí. Aunque a la vez da miedo. Pero bueno, supongo que todo ahora mismo da miedo. Y no soy la única que tiene miedo, también lo veo en ti. En tus ojos claros y dulces. Me estremezco cada vez que veo ese trasfondo de preocupación en tu mirada. ¿Pero qué puedo hacer yo? ¡Si estoy igual que tú! Somos dos gotas de rocío al alba, brillando radiantes bajo la luz del sol, pero titilando con la brisa, con miedo a caer y perdernos en la inmensidad terrenal.
¿Qué haría yo si el destino construyese un muro entre los dos que separase nuestros caminos para siempre? Probablemente algo dentro de mí se rompería sin posibilidad de arreglo. Seguiría caminando, pero no sería igual. No sería lo mismo. Y es que cuando las cosas se tuercen, el camino se hace más duro y angosto. No hay mayor condena que el anhelo y no hay mayor tristeza que decir adiós a aquello que tan feliz te hace… A aquello que le da sentido al verbo “vivir”. A aquello que tanto amas…

            ¿Y qué haría yo si te pasase algo? ¿Si te fueses algún día de repente y no volvieses? ¿Si me arrebatasen la calidez de tu abrazo? ¿Qué haría yo…?


Ojalá no llegue el día en que tenga que responder a esa pregunta…

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