No sé qué me duele más: si tu presencia o tu ausencia...
En mis continuos sueños diurnos me encuentro a mí misma pensando en ti, preguntándome tantas cosas... Se arremolinan en mi cabeza tantos por qués que al final cualquier palabra pierde su sentido y acaba pareciendo un mero garabato en una hoja de papel o un sonido que pasa desapercibido entre las notas musicales de una canción que nunca acaba.
Pierdo los pocos papeles que me quedan y cuestiono mi propia cordura. ¿Y si fue todo un sueño? ¿Y si hubiese pasado todo en mi mente? ¿Y si sólo eras una recreación de mis sueños y anhelos más profundos? ¿Y si nunca fue real? ¿Y si nunca fuiste real...?
Interrogantes que me acompañan cada rato y que a veces soplando se disipan cual nube de humo, y que otras, sin embargo, se vuelven tan pesadas e hirientes como cadenas de hierro oxidadas.
A veces la esperanza se subleva ante tanto caos y arroja algo de luz. "El tiempo pone a cada cual en su lugar, incluyéndote a ti", me susurra dulcemente al oído. La sola idea de un lugar propio me sienta como una brisa fresca en la cara al atardecer de un caluroso día de primavera. Entonces, recuerdo que por un momento estuve ahí, lo toqué con la punta de mis dedos y entonces... se desvaneció.
Cierro los ojos esperando que al abrirlos pueda verte de nuevo frente a mí... Pero eso nunca pasa. Con cada parpadeo se resquebraja un poco más el muro que construí para protegerme de todo sentimiento, bueno o malo. Y mientras se agrietan las paredes y todo se va haciendo pedazos, sigo caminando despacio, a paso seguro, con equipaje ligero a mis espaldas y el corazón en la mano. En la otra, un puñado de sueños a modo de linterna para guiar mis pasos y no sumirme en la oscuridad más absoluta.
Pierdo los pocos papeles que me quedan y cuestiono mi propia cordura. ¿Y si fue todo un sueño? ¿Y si hubiese pasado todo en mi mente? ¿Y si sólo eras una recreación de mis sueños y anhelos más profundos? ¿Y si nunca fue real? ¿Y si nunca fuiste real...?
Interrogantes que me acompañan cada rato y que a veces soplando se disipan cual nube de humo, y que otras, sin embargo, se vuelven tan pesadas e hirientes como cadenas de hierro oxidadas.
A veces la esperanza se subleva ante tanto caos y arroja algo de luz. "El tiempo pone a cada cual en su lugar, incluyéndote a ti", me susurra dulcemente al oído. La sola idea de un lugar propio me sienta como una brisa fresca en la cara al atardecer de un caluroso día de primavera. Entonces, recuerdo que por un momento estuve ahí, lo toqué con la punta de mis dedos y entonces... se desvaneció.
Cierro los ojos esperando que al abrirlos pueda verte de nuevo frente a mí... Pero eso nunca pasa. Con cada parpadeo se resquebraja un poco más el muro que construí para protegerme de todo sentimiento, bueno o malo. Y mientras se agrietan las paredes y todo se va haciendo pedazos, sigo caminando despacio, a paso seguro, con equipaje ligero a mis espaldas y el corazón en la mano. En la otra, un puñado de sueños a modo de linterna para guiar mis pasos y no sumirme en la oscuridad más absoluta.
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