De rebelión a frustración

Haciendo balance, me he dado cuenta de que he cambiado mucho estos últimos años. Más de lo que pensaba que una persona podía cambiar en tan poco tiempo.

Al principio me rebelaba contra el mundo, me cuestionaba todo, no sabía aceptar que no había respuesta para algunas preguntas de las que hacía, me cabreaba. Me cabreaba la situación, la vida, la hipocresía, los protocolos sociales estúpidos, la estupidez general que se extiende a lo largo y ancho de este país y del mundo. Me cabreaba tanto que se me hacía un nudo en la garganta y me ardía el pecho. Quería gritar, llamar gilipollas a los gilipollas, hipócritas a los hipócritas, corruptos a los corruptos. Gritar todo lo que pensaba tal cual lo pensaba. Sentenciar con palabras lo que sentenciaba en mi mente con pensamientos. Abrir la boca siempre que hubiera una injusticia. Y así lo hacía.

Pero el tiempo me ha enseñado que hay demasiados gilipollas, hipócritas y corruptos a los que gritar, tantos que no me daría la voz para ello. Que hay demasiada injusticia por denunciar que no me daría el tiempo para ello. Que hay tantas mentes cerradas, tanto imbécil suelto en la calle al que le dan voz, que no vale la pena abrir ni siquiera la boca para rebatir cualquiera de sus estúpidos argumentos. Si acaso, solo la abro para suspirar y hacer un facepalm extremo (no es para menos). Esa chica antes rebelde es ahora una chica decepcionada. Sin más. Decepcionada por el mundo, por la vida, por las personas. Decepcionada porque no sirve de nada hablar cuando nadie escucha. No sirve de nada intentar que los ciegos por convicción abran los ojos y vean más allá. Demasiado subnormal dominando el panorama que me da asco hasta salir de casa por lo que me pueda encontrar. País de inmovilistas allá donde los haya. País donde un dictador murió siendo dictador toda su vida y en el que se aceptó un sistema impuesto por ese mismo dictador porque, ¿para qué moverse? ¿Para qué aspirar a algo mejor? Mejor conformarse. ¡Claro que sí! ¿Y contra toda esa ideología tan arraigada en esas mentes dudosamente pensantes pretendía luchar yo? ¡Qué optimista! Hablaré solo para mí misma y para quienes quieran escuchar y dejaré que a los demás se los lleve la corriente para no intoxicarme con la frustración que me produce su borreguismo.

Y ahora mismo, en este momento, prefiero coger las palomitas y ver cómo esos borregos cavan sus propias tumbas. ¡Que se peleen por banderitas, por dioses inexistentes, por canciones de rap, por lo que quieran! Yo me sentaré aquí y cuando todo se vaya a la mierda me limitaré a decir: os lo intenté decir, pero jamás escuchasteis.

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