De rebelión a frustración
Haciendo balance, me he dado cuenta de que he cambiado mucho estos últimos años. Más de lo que pensaba que una persona podía cambiar en tan poco tiempo. Al principio me rebelaba contra el mundo, me cuestionaba todo, no sabía aceptar que no había respuesta para algunas preguntas de las que hacía, me cabreaba. Me cabreaba la situación, la vida, la hipocresía, los protocolos sociales estúpidos, la estupidez general que se extiende a lo largo y ancho de este país y del mundo. Me cabreaba tanto que se me hacía un nudo en la garganta y me ardía el pecho. Quería gritar, llamar gilipollas a los gilipollas, hipócritas a los hipócritas, corruptos a los corruptos. Gritar todo lo que pensaba tal cual lo pensaba. Sentenciar con palabras lo que sentenciaba en mi mente con pensamientos. Abrir la boca siempre que hubiera una injusticia. Y así lo hacía. Pero el tiempo me ha enseñado que hay demasiados gilipollas, hipócritas y corruptos a los que gritar, tantos que no me daría la voz para ello. Que ...