Aún sigo aquí
Sigo aquí,
anclada en el mismo lugar
donde te vi por última vez,
viendo como se pone el sol
mientras mis ojos se echan a llorar.
No sabes cuánto de anhelo.
desde el primer y último instante del día,
desde que los segundos nacen
con los tenues rayos del sol de la mañana
hasta que estos mueren,
sin querer, en el horizonte
al empezar la gélida noche.
Una película de antiguos recuerdos
pasa delante de mis ojos.
¡Cuánto ganamos y cuánto perdimos!
¡Tantas cosas fueron las que vivimos…!
Y aún así mi mente las recuerda
como si hubiesen sido ayer.
¡Ayer! ¡Ojala fuera ayer!
Si pudiera invertir el tiempo,
si pudiera dar marcha atrás
me quedaría en aquella época
en la que yo era algo más,
algo más que una simple sombra,
algo más que un espectro
que vaga por el mundo
llorando por las esquinas
sin tener un rumbo fijo,
sin tener un destino al que ir…
Te juro que si en mi mano estuviese
la llave del reloj de la vida
le daría marcha atrás y lo cambiaría todo,
todo menos el día en que te conocí…
¡Dios, cuánto te echo de menos!
Lo único que me dejaste fue
un saco de falsa alegría,
un puñado de lágrimas frías
y una canción de tristes acordes
para acunar mi melancolía.
y aún así por nada te cambiaría.
Si me escuchas
me gustaría pedirte perdón
porque cuando te fuiste
a conciencia intenté olvidarte,
de mi mente expulsarte.
Pero, por suerte o por desgracia,
no lo conseguí,
y por eso ahora me duele más
el vacío que llena mi interior.
Espero encontrarte al final del camino,
cuando la muerte se apiade de mí.
Entonces ya al fin descansaré,
estando de nuevo entre tus brazos,
escuchando atentamente para no perderme
ni uno solo de los eternos
latidos de tu corazón.
Hasta entonces esperaré.
No me importa cuánto tiempo,
pues eso es algo que nosotros hemos impuesto
y que ni siquiera realmente existe.
Me despido,
pues el alba empieza a despuntar
y las olas de este inmenso mar
empiezan a despertar…
Espero verte en nuestro futuro reencuentro
en ese mundo de los sueños
donde todo es incierto, sí,
pero el dolor y la pena no hacen daño…
anclada en el mismo lugar
donde te vi por última vez,
viendo como se pone el sol
mientras mis ojos se echan a llorar.
No sabes cuánto de anhelo.
desde el primer y último instante del día,
desde que los segundos nacen
con los tenues rayos del sol de la mañana
hasta que estos mueren,
sin querer, en el horizonte
al empezar la gélida noche.
Una película de antiguos recuerdos
pasa delante de mis ojos.
¡Cuánto ganamos y cuánto perdimos!
¡Tantas cosas fueron las que vivimos…!
Y aún así mi mente las recuerda
como si hubiesen sido ayer.
¡Ayer! ¡Ojala fuera ayer!
Si pudiera invertir el tiempo,
si pudiera dar marcha atrás
me quedaría en aquella época
en la que yo era algo más,
algo más que una simple sombra,
algo más que un espectro
que vaga por el mundo
llorando por las esquinas
sin tener un rumbo fijo,
sin tener un destino al que ir…
Te juro que si en mi mano estuviese
la llave del reloj de la vida
le daría marcha atrás y lo cambiaría todo,
todo menos el día en que te conocí…
¡Dios, cuánto te echo de menos!
Lo único que me dejaste fue
un saco de falsa alegría,
un puñado de lágrimas frías
y una canción de tristes acordes
para acunar mi melancolía.
y aún así por nada te cambiaría.
Si me escuchas
me gustaría pedirte perdón
porque cuando te fuiste
a conciencia intenté olvidarte,
de mi mente expulsarte.
Pero, por suerte o por desgracia,
no lo conseguí,
y por eso ahora me duele más
el vacío que llena mi interior.
Espero encontrarte al final del camino,
cuando la muerte se apiade de mí.
Entonces ya al fin descansaré,
estando de nuevo entre tus brazos,
escuchando atentamente para no perderme
ni uno solo de los eternos
latidos de tu corazón.
Hasta entonces esperaré.
No me importa cuánto tiempo,
pues eso es algo que nosotros hemos impuesto
y que ni siquiera realmente existe.
Me despido,
pues el alba empieza a despuntar
y las olas de este inmenso mar
empiezan a despertar…
Espero verte en nuestro futuro reencuentro
en ese mundo de los sueños
donde todo es incierto, sí,
pero el dolor y la pena no hacen daño…
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