La princesa y el trovador (2007)
Érase una princesa,
la más bonita del valle,
que vivía en un gran castillo
en la más concurrida calle.
A pesar de su adinerada fortuna,
sentíase muy desdichada,
pues a sus dieciséis años
aún no había estado enamorada.
Un día de radiante sol
asomose a su ventana
y desde allí arriba vio
un lindo mozo con una espada.
Al verla, el joven chico
hízole una reverencia,
una vieja costumbre caballeresca
que con mucho arte interpretó.
-Oh, princesa, dulce princesa.-
díjole el chiquillo, con furor.-
¿A qué se debe su mirada?
¿qué quiere de este humilde servidor?
-Vuestro nombre, mi señor.-
respondiole esta, sonriente.-
¿Podría saber, buen caballero,
A qué os dedicáis vos?
-Mi nombre es Juan José
Juan José de Santa Fe.
y trovador es mi ocupación,
aunque escudero me gustaría ser.
-¿Por qué ser un simple escudero
pudiendo ser todo un caballero?.-
preguntole la princesa,
asombrada por su gentileza.
-Solo soy un trovador,
que no posee ninguna riqueza,
y para ser caballero
se debe tener rango de nobleza.
-Creo, señor mío,
que yo os puedo ayudar,
pues es un gran rango de nobleza
el que yo os podría dar.
No se mucho de estas cosas,
pero creo que príncipe valdrá
para poder ser caballero
y gobernar un reino sin igual.
-¿Vos os queréis casar conmigo?
Vuestro padre no lo querrá,
podríamos meternos en un buen lío
del que no podamos salir, quizá.
-Probemos, buen caballero, probemos
pues no se pierde nada por probar.-
díjole la princesa,
intentando hacerlo razonar.
-Vos lleváis la razón,
pero recemos porque no salga mal,
pues el rey podría hacer
que me corten el cuello sin más.
La linda princesa y el pobre trovador
frente al trono se pusieron
para decirle al rey
sus propósitos más sinceros.
-Su majestad,
la mano de su hija le quisiera pedir
pues enamorado estoy de ella
y separados ya no podemos vivir.
-Vos, un pordiosero trovador
¿cómo osáis entrar a palacio,
presentaros frente a mi,
y de mi hija pedirme la mano?
¡Os arrepentiréis de haberlo hecho!
Señor guardián
valla afilando el hacha
que al ocaso una cabeza rodará,
y llevaos a este hipócrita
a la celda más segura,
para que de ella
no pueda escapar.
Los sirvientes del rey
al pobre chico se llevaron,
mientras la princesa, llorando,
suplicaba que no le hicieran daño.
* * *
El cielo se tornó rojo,
prediciendo que se iba a producir una masacre,
ya había llegado el ocaso,
y con él el derramamiento de sangre.
En la torre más alta del palacio
todo estaba ya preparado:
el hacha en su soporte
y el prisionero; encapuchado.
-Padre, por favor, no lo hagáis.-
la princesa suplicaba,
pero su padre hacía
como que no la escuchaba.
Ella decidió entonces
por su cuenta la justicia tomarse,
lanzó el hacha al vacío,
sin pensar en lo que podía pasarle.
-Para una vez que me enamoro,
¿a mi chico me lo vais a arrebatar?
lo siento Padre,
pero te digo que eso no va a pasar.-
le quitó la capucha al chico,
y los dos se empezaron a besar,
vieron que el rey enfurecía,
pero a ellos les daba igual.
-¡Traidora!
¿te crees que esto así se va a quedar?
estás muy equivocada
pues a los dos os voy a decapitar.
La princesa y el trovador,
un último beso se dieron,
y los dos, rápidos, corrieron,
hasta de la torre saltar.
***
A lado de sus tumbas
unos lindos crisantemos morados
sus pétalos entrelazaron
para seguir demostrándole al mundo
que aún seguían enamorados.
la más bonita del valle,
que vivía en un gran castillo
en la más concurrida calle.
A pesar de su adinerada fortuna,
sentíase muy desdichada,
pues a sus dieciséis años
aún no había estado enamorada.
Un día de radiante sol
asomose a su ventana
y desde allí arriba vio
un lindo mozo con una espada.
Al verla, el joven chico
hízole una reverencia,
una vieja costumbre caballeresca
que con mucho arte interpretó.
-Oh, princesa, dulce princesa.-
díjole el chiquillo, con furor.-
¿A qué se debe su mirada?
¿qué quiere de este humilde servidor?
-Vuestro nombre, mi señor.-
respondiole esta, sonriente.-
¿Podría saber, buen caballero,
A qué os dedicáis vos?
-Mi nombre es Juan José
Juan José de Santa Fe.
y trovador es mi ocupación,
aunque escudero me gustaría ser.
-¿Por qué ser un simple escudero
pudiendo ser todo un caballero?.-
preguntole la princesa,
asombrada por su gentileza.
-Solo soy un trovador,
que no posee ninguna riqueza,
y para ser caballero
se debe tener rango de nobleza.
-Creo, señor mío,
que yo os puedo ayudar,
pues es un gran rango de nobleza
el que yo os podría dar.
No se mucho de estas cosas,
pero creo que príncipe valdrá
para poder ser caballero
y gobernar un reino sin igual.
-¿Vos os queréis casar conmigo?
Vuestro padre no lo querrá,
podríamos meternos en un buen lío
del que no podamos salir, quizá.
-Probemos, buen caballero, probemos
pues no se pierde nada por probar.-
díjole la princesa,
intentando hacerlo razonar.
-Vos lleváis la razón,
pero recemos porque no salga mal,
pues el rey podría hacer
que me corten el cuello sin más.
La linda princesa y el pobre trovador
frente al trono se pusieron
para decirle al rey
sus propósitos más sinceros.
-Su majestad,
la mano de su hija le quisiera pedir
pues enamorado estoy de ella
y separados ya no podemos vivir.
-Vos, un pordiosero trovador
¿cómo osáis entrar a palacio,
presentaros frente a mi,
y de mi hija pedirme la mano?
¡Os arrepentiréis de haberlo hecho!
Señor guardián
valla afilando el hacha
que al ocaso una cabeza rodará,
y llevaos a este hipócrita
a la celda más segura,
para que de ella
no pueda escapar.
Los sirvientes del rey
al pobre chico se llevaron,
mientras la princesa, llorando,
suplicaba que no le hicieran daño.
* * *
El cielo se tornó rojo,
prediciendo que se iba a producir una masacre,
ya había llegado el ocaso,
y con él el derramamiento de sangre.
En la torre más alta del palacio
todo estaba ya preparado:
el hacha en su soporte
y el prisionero; encapuchado.
-Padre, por favor, no lo hagáis.-
la princesa suplicaba,
pero su padre hacía
como que no la escuchaba.
Ella decidió entonces
por su cuenta la justicia tomarse,
lanzó el hacha al vacío,
sin pensar en lo que podía pasarle.
-Para una vez que me enamoro,
¿a mi chico me lo vais a arrebatar?
lo siento Padre,
pero te digo que eso no va a pasar.-
le quitó la capucha al chico,
y los dos se empezaron a besar,
vieron que el rey enfurecía,
pero a ellos les daba igual.
-¡Traidora!
¿te crees que esto así se va a quedar?
estás muy equivocada
pues a los dos os voy a decapitar.
La princesa y el trovador,
un último beso se dieron,
y los dos, rápidos, corrieron,
hasta de la torre saltar.
***
A lado de sus tumbas
unos lindos crisantemos morados
sus pétalos entrelazaron
para seguir demostrándole al mundo
que aún seguían enamorados.
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