Finlandia: "Herwood": usando Ingress para patearme toda Hervanta
Casi nada más llegar a Finlandia, me metieron en un grupo de Ingress en Telegram para visitantes iluminados. Algunos miembros me aconsejaron zonas para jugar y también misiones, de las cuales saqué tiempo para hacer 12 consecutivas que componían un banner llamado "Herwood".
La primera misión empezaba cerca de la Universidad y la duodécima acababa también allí, y entre el punto de partida y la meta, el juego te hace recorrer todo el barrio. Cuando digo todo es todo: ¡tardé 3 tardes enteras en acabarlo! Eso sí, no me arrepiento de haberlo hecho porque entre portal y portal he podido encontrar sitios maravillosos.
Tras solo haber visto la zona un poco el jueves y con el móvil en la mano me embarqué el viernes en mi aventura soltaria mientras hacía tiempo hasta que mi chico saliera del curro. He de decir que jamás me había sentido tan segura caminando sola como en Finlandia. Aquí la gente en general es muy civilizada y si tienes algún problema, por muy chorra que sea, te ayudan a solucionarlo.
Caminando pude hacer alarde de mis casi nulas dotes de orientación y equilibrio, aunque, todo sea dicho, no me he caído en el hielo ni una sola vez. La piedritas también ayudaban, aunque en las zonas sin hielo eran un poco incómodas por mis zapatos porque no tienen buena suela y acabaron un poco rajados al final (nada que un poco de cinta americana no pueda solucionar xD). Para quien no lo sepa, en Finlandia tiran piedritas pequeñas sobre el hielo para que escurra menos, y cuando se va derritiendo las van amontonando hasta que las quitan y las guardan para usarlas en la siguiente helada.
Deambulé tanto por calles como por caminitos que se adentraban en los bosques. Encontré ardillas correteando entre los árboles, muchos niños jugando con sus monos impermeables puestos en los numerosos parques que hay repartidos por el barrio, y personas varias disfrutando de un fresco paseo por la zona. Todos bien abrigados para no pasar frío, pues no subíamos de los 5ºC por las tardes. Todos salvo un valiente que me encontré nadando en un lago helado. ¡Qué valor! En el poco espacio de agua líquida que había, el muchacho daba brazadas felizmente. Y yo, mientras tanto, mirándole incrédula con el chaquetón puesto, los guantes y el pañuelo al cuello para no pasar frío. En fin...
En mi primera salida me hice un poco un lío porque la brújula de mi móvil no funciona demasiado bien, pero no tardé demasiado en orientarme, ya que cada calle tenía algo que la hacia única y diferente de las demás y que me ayudaba a recordarlas. Por los nombres solo me era imposible hacerlo: ¡son demasiado largos! Como filóloga que soy, en seguida deduje que la terminación "katu" significaba "calle" y que la terminación "puisto" significaba "parque". Mis demás salidas se hicieron bastante más livianas, salvo por algún que otro obstáculo helado.
Me llamó la atención unos enchufes colocados en bastantes aparcamientos con los que me crucé durante mi recorrido. Resulta que son para mantener el motor caliente durante las noches gélidas del invierno típico finés y así poder arrancar los coches a la mañana siguiente. Parece ser que el anticongelante no es suficiente por esas tierras...
La primera misión empezaba cerca de la Universidad y la duodécima acababa también allí, y entre el punto de partida y la meta, el juego te hace recorrer todo el barrio. Cuando digo todo es todo: ¡tardé 3 tardes enteras en acabarlo! Eso sí, no me arrepiento de haberlo hecho porque entre portal y portal he podido encontrar sitios maravillosos.
Tras solo haber visto la zona un poco el jueves y con el móvil en la mano me embarqué el viernes en mi aventura soltaria mientras hacía tiempo hasta que mi chico saliera del curro. He de decir que jamás me había sentido tan segura caminando sola como en Finlandia. Aquí la gente en general es muy civilizada y si tienes algún problema, por muy chorra que sea, te ayudan a solucionarlo.
Caminando pude hacer alarde de mis casi nulas dotes de orientación y equilibrio, aunque, todo sea dicho, no me he caído en el hielo ni una sola vez. La piedritas también ayudaban, aunque en las zonas sin hielo eran un poco incómodas por mis zapatos porque no tienen buena suela y acabaron un poco rajados al final (nada que un poco de cinta americana no pueda solucionar xD). Para quien no lo sepa, en Finlandia tiran piedritas pequeñas sobre el hielo para que escurra menos, y cuando se va derritiendo las van amontonando hasta que las quitan y las guardan para usarlas en la siguiente helada.
Deambulé tanto por calles como por caminitos que se adentraban en los bosques. Encontré ardillas correteando entre los árboles, muchos niños jugando con sus monos impermeables puestos en los numerosos parques que hay repartidos por el barrio, y personas varias disfrutando de un fresco paseo por la zona. Todos bien abrigados para no pasar frío, pues no subíamos de los 5ºC por las tardes. Todos salvo un valiente que me encontré nadando en un lago helado. ¡Qué valor! En el poco espacio de agua líquida que había, el muchacho daba brazadas felizmente. Y yo, mientras tanto, mirándole incrédula con el chaquetón puesto, los guantes y el pañuelo al cuello para no pasar frío. En fin...
En mi primera salida me hice un poco un lío porque la brújula de mi móvil no funciona demasiado bien, pero no tardé demasiado en orientarme, ya que cada calle tenía algo que la hacia única y diferente de las demás y que me ayudaba a recordarlas. Por los nombres solo me era imposible hacerlo: ¡son demasiado largos! Como filóloga que soy, en seguida deduje que la terminación "katu" significaba "calle" y que la terminación "puisto" significaba "parque". Mis demás salidas se hicieron bastante más livianas, salvo por algún que otro obstáculo helado.
Me llamó la atención unos enchufes colocados en bastantes aparcamientos con los que me crucé durante mi recorrido. Resulta que son para mantener el motor caliente durante las noches gélidas del invierno típico finés y así poder arrancar los coches a la mañana siguiente. Parece ser que el anticongelante no es suficiente por esas tierras...
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