Finlandia: Visitando el centro de Tampere

Fuimos de excursión a varios sitios de Tampere.

Vimos el río que partía la ciudad por la mitad y que era a su vez la unión de dos lagos: uno en el norte y otro en el sur. Los habitantes de la zona supieron sacar provecho de la fuerza de la corriente para sacar energía y la industria de la ciudad se desarrolló en los alrededores de ese río. Hay varios puentes y parques alrededor por los que dar un plácido paseo.

Muy cerca de allí se encuentra un museo cuya entrada es gratuita y que explica cosas sobre la historia y el desarrollo de la ciudad de Tampere. Es muy interesante y recomendable para visitar.

Algo que me sorprendió bastante fue el ver cementerios en zonas que al principio pensaba que eran parques. Iba paseando tranquilamente y de repente me topé con una tumba. Y cerca de esa tumba había otra. Y otra. Y otra... Las fui mirando todas, ya que me encantan los cementerios. Muchas tenían musgo debido a la humedad del lugar, lo cual las hacían más atractivas, a mi parecer.

También visitamos el Tampere Talo, que es algo así como un auditorio, en el cual un hombre muy amable que trabajaba allí nos regaló entradas para asistir a cualquier acto en el que estuviéramos interesados. ¡Una pena que yo no pude disfrutar la mía! Tenía que volver a España y no tuve la oportunidad de estar presente en alguno de los maravillosos conciertos de música de cámara que ofrecen.

Sobre la gastronomía, pude disfrutar del salmón, algo muy típico de los países nórdicos. Pero, para mi sorpresa, la comida estrella de Tampere eran... ¡las alitas de pollo fritas! Mi cara al escucharlo era de incredulidad pura y dura. Pude degustarlas en un restaurante lleno de adornos de temática pirata. Todo muy curioso, y también delicioso. Alternativas para comer hay miles, puesto que hay restaurantes de todas clases: italianos, kebabs, indios, asiáticos... Algo también típico de esa ciudad son los donuts con chocolate caliente. Para degustarlos, fuimos a una cafetería emplazada en una torre donde había un mirador desde el que supuestamente se podía ver la ciudad entera. Digo supuestamente porque estaba tan nublado que nosotros no vimos nada xD. Los donuts buenísimos y el chocolate caliente nos sentó muy bien tras la larga caminata que ya llevábamos encima.

Por insistencia mía, y ya que soy una gran amante de los gatos, acabamos yendo a un "cat-café", lo que sería en español una cafetería de gatos. El sitio era precioso y estaba adornado todo con cosas relacionadas con el mundo felino: jarrones de gatos, cuadros de gatos, botellas de gatos... Y por supuesto, ¡había gatos de verdad! Eran muy lindos y adorables. Allí tú eras el invitado en su casa. Ellos se paseaban entre la gente como si nada, y a veces se dejaban acariciar y mimar. Podías jugar con ellos gracias a que las amables chicas que trabajaban allí te ofrecían juguetes para hacerlo. Tomar un chocolate con marshmallows con un grupo de gatitos cerca ¡es una experiencia inigualable!

Pero lo que más me gustó fue ir a una sauna pública. Las saunas son un sitio más para socializar en Finlandia, como aquí en España lo sería la terraza de un bar. La gente se lleva bebidas varias, aunque también había una fuente de agua fresca para los que no quieran llevar nada. Es importante beber para que no te de un bajón de tensión si no estás acostumbrado. Allí lo de echar agua a las piedras calientes se lo toman muy en serio: una sauna en España está fresquita en comparación con una de las de allí. Los más veteranos a veces se pasaban mucho con el vapor y alguna vez tuve que salir porque sentía que me iba a cocer viva. Eso sí, después de salir de la sauna lo que toca es... ¡bañarse en un lago helado! Sí, sí, HELADO. Todo congelado salvo un hueco donde la gente se podía meter. Yo lo hice dos o tres veces, aunque por unos pocos segundos. Luego, tras salir del lago, te podías quedar allí fuera un rato, en bañador y beber algo en la fresca. El día en que fuimos, la temperatura de fuera era de 2ºC y la del lago de 1ºC. Todo muy fresquito, sí señor. He de decir que jamás había tenido la piel tan suave como después de eso, aunque también es verdad que yo parecía una mezcla de gamba cocida y humano porque tenía la piel llena de roales rojos y roales de piel normal. Sin duda, es una experiencia que volvería a repetir.

Por las calles me sorprendió ver cargadores eléctricos de coche. Me comentaron que los autobuses allí al parecer son totalmente eléctricos. Además, la ciudad está completamente adaptada para que quien quiera pueda ir en bicicleta sin problema. ¡Van décadas por delante nuestra!

En definitiva:
Me he enamorado de Finlandia: me he enamorado de sus gentes, de sus bosques, e incluso de su primavera (que para nosotros sería invierno).

Este es otro mundo, del cual sería bueno aprender unas cuantas (muchas) cosas.

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