En el extremo del hilo rojo
Ojalá pudiera olvidarlo todo. Olvidar que existes, que nos conocimos una cálida tarde de verano por una de esas casualidades de la vida, y que el destino hizo que nos volviésemos a encontrar tiempo después... Ojalá pudiera olvidarte. Ojalá pudiera borrar todos tus besos, todas tus caricias, todas tus palabras, dulces o amargas. Ojalá pudiese borrarte... Borrar los días, los meses, las tardes, los amaneceres, las noches de pasión desenfrenada y las de calma y paz absoluta. Ojalá... Porque así todo sería más fácil, todo sería menos frío. El dolor del adiós es la peor de las condenas, pues te mantiene vivo y muerto a la vez: muerto sin poder morir; vivo sin poder vivir... Si no existieses, no había recuerdos; sin recuerdos, no habría dolor y tampoco existiría un adiós... Pero no puedo olvidarte. No puedo olvidar nada, solo añorarte y desear que algún día me digas que me echas de menos, que me necesitas, que por favor vuelva... Pero eso no pasará, ambos lo sabemos. Estás ciego y no quieres...