Crónicas de mi viaje a Turquía (I): La ida y la llegada
En verano de 2008, con apenas los
18 recién cumplidos, cogí las maletas, mi pasaporte, algo de dinero que tenía
ahorrado y unos billetes que me llevarían a un país que siempre me había
llamado la atención: Turquía. Allí, me esperaba el que era mi novio por aquel
entonces, y al que iba a ver por primera vez, con lo cual mi estado de nervios
era bastante considerable, pero no dejé que eso me echara para atrás ni un
momento.
Sóla y sin el permiso de mis
padres, me fui de casa con el maletón a cuestas, primero a despedirme de mi
mejor amiga, la cual estaba un poco asustada por si me pasaba algo estando allí
(cosa que por suerte no pasó), y luego me dirigí a la estación de autobuses del
pueblo. Allí esperé hasta que a media noche vino el bus que me llevaría a
Madrid para coger mi vuelo. El trayecto en bus fue un poco aburrido y cansado.
Iba llenísimo de gente que intentaba dormir, pero que no podía debido a la
estrechez de los asientos y del autobús en general.
Tras 7h o así de viaje insufrible,
llegué a Madrid al amanecer, muerta de cansancio, nerviosa y un poco asustada,
para qué negarlo. Pensaba: “Yo, una niña que no ha ido nunca a ningún sitio
sola, me voy a Turquía a conocer a un chico con el que sólo he tenido relación
por Internet y teléfono. ¿Estoy bien de la cabeza?”. Después de darle tantas
vueltas a la cabeza y de asustarme aún más y reconfortarme a mí misma en mis
largos paseos por el aeropuerto de Madrid-Barajas (estuve desde las 8am hasta
las 18.00 más o menos), se hizo la hora de entrar en el avión.
¿He mencionado antes que era la
primera vez que montaba en avión? Pues sí, era la primera vez. Ahí fue cuando
descubrí que, por suerte, no tenía miedo a los aviones. Así que me limité a
sentarme en mi asiento y relajarme. A mi lado había una pareja sevillana muy
maja, que me contaron que iban de viaje de placer a Turquía, y que no habían
estado antes allí. Bromeamos durante todo el viaje, y ellos alucinaron cuando
les conté que iba a la aventura. Obviamente, me llamaron loca y me desearon
mucha suerte y que volviera sana y salva a mi casa después de las vacaciones. Mientras
tanto, iba observando por la ventanilla la tierra pasar rápidamente por debajo
nuestra, hasta que se hizo de noche, y ya no pude ver nada más que unas luces
en la lejanía.
Anunciaron finalmente que el
avión aterrizaría en breves, y ahí fue cuando más nerviosa me puse. Me quedé
blanca y por un momento me arrepentí de verdad de haber hecho esa locura y
pensé en volver a casa de nuevo nada más que bajar del avión. Mil pensamientos
negativos me cruzaban la cabeza mientras el avión empezaba a descender para
aterrizar. Estaba aterrorizada… Aún así, intenté conservar la calma e intentar
pensar con claridad. Ya que estaba allí, ¿por qué no dar una oportunidad a lo
que podría ser la aventura más emocionante de mi vida? ¿De veras me iba a echar
atrás en el último momento? Decidí que no, y que fuera lo que fuese lo que me
esperaba ahí fuera, me iba a enfrentar a ello con el mismo coraje con el que me
había ido de casa tan sólo unas horas antes.
Aterrizó el avión y fui, junto
con una chica que conocí en el aeropuerto, a que nos sellaran el pasaporte y
pagar el visado. El aeropuerto de Estambul era bastante grande, pero no tanto
como el de Madrid-Barajas, creo recordar. Por suerte, la chica que iba conmigo
se había hecho el recorrido muchísimas veces, ya que su pareja también vivía
allí en Turquía, así que me acompañó en todo momento, hasta que salimos hacia
donde estaban todos los que esperaban el retorno de alguien cercano.
Había mucha gente allí reunida, y
mis ojos no sabían dónde mirar, hasta que me encontré de bruces prácticamente
con el chico con el que había pasado tanto tiempo hablando. Me sentí como en
shock, no sabía qué decir ni qué hacer. Miles de sentimientos diferentes me
inundaban a la vez. Gracias a dios, él tomó la iniciativa y me abrazó y me dio
un beso de esos que no se olvidan por muchos años que pasen. Me cogió de la
mano y preguntándome que qué tal había ido todo, me sacó de aquel aeropuerto
lleno de gente, me metió en un taxi y fuimos juntos al hotel que él había
reservado en Estambul.
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