Una carta desde el silencio, y a media luz
Sé que me falta poco tiempo… Sé
que todo se acabará muy pronto para mí. ¿Qué si me da pena? Pues sí la verdad…
Admito que este mundo me gusta, y también admito que no quiero dejarlo… Admito
que tampoco quiero dejar a ciertas personas, pues ellas han hecho de mi vida un
paraíso, y después de la muerte, tan sólo me quedan las llamas del infierno…
¿He sido cruel con ellas? Seguro… ¿Me arrepiento? Pues sí, bastante, la verdad.
Porque llegará el día y por mi cobardía no les habré dicho que lo sentía…
Sobretodo a ti...
Cariño, siento que no te he dicho
lo suficiente que te amo… Siento que no te he hecho sentir ni la mitad de cómo
me haces sentir tú a mí… Cuando llegue mi hora, lo último que quiero ver antes
de cerrar los ojos para siempre, es tu sonrisa… Sé que te costará sonreír en
ese momento, pero, por favor, hazlo por mí… Es la última cosa que te pido antes
de abandonar éste mundo… No quiero irme sin ti… No sé estar sin ti, y no te
puedo asegurar que vaya a estar bien en donde quiera que vaya… No sé nada… En
este momento solo siento dolor porque te tendré que dejar solo, y romperé la
promesa que te hice cuando nos casamos, que fue la de nunca separarme de ti… Y
créeme, me gustaría hacer algo al respecto… me gustaría saber cómo vivir un
poco más… Pero eso es imposible, cielo… No se puede huir del destino, y más si
ese destino es la muerte…
Ah, la muerte! ¡Vieja compañera y
amiga mía! Volvemos a vernos cara a cara. Puedo ver el vacío de las cuencas de
tus ojos, y el blanco reflejo de tu alma espectral… No puedo dejar de pensar en
ti, y en tu frío tacto… y en esa mano a la que todos tememos tanto, que me
llevará nadie sabe a dónde, pero a un sitio del que, con certeza, no volveré…
Apenas puedo enlazar pensamientos
a estas alturas… Y aprovecho que estoy lo suficientemente cuerda como para
poder escribir esto, aunque no tenga sentido apenas, pero al menos me consuelo
pensando que en este momento puedo escribir y leer… Mañana quizás no esté aquí
ya, o quizás si, pero no recuerde lo que he escrito, o puede que sí… ¡A saber!
¿Quién dijo que saber era importante? Yo recuerdo que sabía muchas cosas, pero,
¿de qué me sirven ahora mismo si apenas puedo pronunciar mi nombre? ¿De qué
sirve saber que dos más dos son cuatro si ni siquiera puedo enseñárselo a
nuestros hijos?
Nuestros hijos… ¡Benditos sean!
¿Recuerdas lo mucho que los deseaba cuando era tan sólo una cría? ¿Lo
recuerdas? Yo ahora mismo sí, y es precioso, pues ha sido mi mayor deseo
cumplido. Ha sido uno de mis dos objetivos en esta vida, y lo he cumplido. He
conseguido crear una familia, y lo más importante, hacerla feliz cada día un
poquito más. ¡Y me llamaban loca por querer esto! ¡Ja! Es una pena que lo tenga
que dejar todo a medias por falta de tiempo… Pero, cielo, sé que tú puedes
hacerlo sin mí, sé que puedes, si no, no me hubiera casado contigo y lo sabes.
Has sido un buen marido, y un buen padre, y lo seguirás siendo aunque yo ya no
esté aquí.
Lo siento pero no puedo seguir
escribiendo… Me duele demasiado el corazón como para hacerlo… Todo esto que voy
a perder es demasiado grande como para no llorar… ¡Que dios se apiade de mi
alma si es que alguna vez existió! Yo ya no tengo fuerzas… Ya no… He sido vencida
por la vida, y la muerte es mi recompensa por perder la batalla… Lo siento por
todos, y más por mí, pues lo que se me escapa de las manos es el tesoro más
preciado que alguna vez pude imaginar que tendría… Y lo siento por ti, amor
mío, porque no te mereces esto que te estoy haciendo pasar cada día desde que
se infectó mi cuerpo y mi alma de esta enfermedad tan incurable como es el
camino hacia la muerte… Lo siento una y mil veces…
Comentarios
Publicar un comentario