¿Yo?
-¿Yo? - dijo, y soltó una leve carcajada. - Yo no soy nadie. Nadie me ve, nadie me oye. No brillo, pero tampoco soy sombra. Simplemente no existo. No estoy aquí ahora, al igual que no lo he estado nunca antes, y tampoco estaré mañana. Si tuviera, mi alma sería de frágil cristal y se podría romper con una simple caricia. Soy pasajera en un tren que no lleva a ninguna parte, en un mundo que no existe... No me mires así, no quiero tu compasión. Pero, ¿quién soy yo para darte órdenes si solo soy un simple reflejo en el espejo de tu habitación?
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